La Visión de Joaquín Basanta: Sustentabilidad y economía del conocimiento en Argentina
El trabajo de un emprendedor argentino, comprometido con la transformación de la agricultura hacia un modelo más sustentable, lo posiciona como una figura clave en la promoción del uso de tecnologías de avanzada y la fabricación de bioinsumos orgánicos.
Basanta es la cara de la revolución de la agricultura argentina. Esto le valió una invitación al foro organizado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), dentro de su iniciativa WIPO GREEN en Ginebra, donde compartió panel con representantes de Chile, Perú, Ghana y Gambia. Allí demostró su compromiso global con la sustentabilidad y resaltó la importancia de transformar al sector agropecuario para “lograr un mundo más sostenible”.
Como titular de Agro Sustentable, una empresa líder en investigación, desarrollo, producción y comercialización de productos 100% orgánicos, visualiza un presente donde la bioeconomía ya no sea una promesa sino una realidad que impulse el desarrollo sostenible y la innovación en la Argentina.
Para el empresario, el futuro de la economía del conocimiento en el país está en un marcado crecimiento: “El estado actual del sector representa un potencial enorme para el país por su avance tecnológico, algo que se evidencia en los polos industriales de conocimiento distribuidos en el interior, como en el caso de nuestra planta que está emplazada en Misiones.”, y agregó: “es fundamental la articulación de las nuevas tecnologías con los sectores productivos. Invertir en ese sentido nos va a dar una ventaja competitiva a nivel mundial.”
Hablar de economía del conocimiento es profundizar sobre el software y los servicios informáticos, la investigación y el desarrollo, la biotecnología, la nanotecnología, la industria audiovisual, los servicios profesionales y la educación de alto nivel. Estas actividades son el motor que impulsan el crecimiento económico y el desarrollo social.
La importancia de la educación y la digitalización es determinante en este proceso de transformación que se vive en la Argentina. Según Basanta “ya se observan algunas ventajas claras como es el caso del alto nivel de manejo del inglés que nos ubica en el primer puesto en Latinoamérica según el EF English Proficiency Index, algo clave para el desarrollo de la economía del conocimiento. Cuantos más talentos logre sembrar el país a través de la educación, más potencial tendremos en el rubro”, explicó.
Desafíos y oportunidades para la Argentina. No todo lo que brilla es oro
En la Argentina, el sistema educativo universitario es reconocido a nivel regional como uno de los mejores por su capacidad para formar profesionales capacitados en distintas áreas del saber. Este talento compite a nivel internacional y genera empresas de tecnología exitosas que contribuyen a la investigación científica y el desarrollo tecnológico. El desarrollo del programas informáticos, los servicios de consultoría y el diseño gráfico ya están dando pasos firmes entre los emprendedores y empresas que exportan sus servicios y productos a mercados globales, como sucede con Agro Sustentable.
Este panorama sin embargo no es tan alentador. Existen una serie de obstáculos estructurales que dificultan la plena inserción de la Argentina en la economía del conocimiento:
- Inestabilidad macroeconómica: Alta inflación, fluctuaciones cambiarias y falta de acceso a falta de acceso a financiamiento a largo plazo son factores negativos a la hora de alentar las inversiones y la planificación a largo plazo, elementos necesarios para el desarrollo del conocimiento intensivo.
- Alta carga impositiva: Considerada elevada por muchos actores del sector también es una barrera al crecimiento, sobre todo para las startups que se ven afectadas por la presión fiscal.
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- Infraestructura tecnológica deficiente: La calidad del acceso a internet y la velocidad de banda ancha todavía son limitadas y no permiten una conexión estable en muchas regiones del país.
Además, la colaboración entre las universidades y las empresas para formar profesionales que respondan a las demandas del mercado es otro punto importante. El estado es la tercera pata que sostiene este proceso. Su papel es clave no solo en la creación de un marco regulatorio claro, sino también en el fomento de la inversión en ciencia y tecnología, y en políticas públicas que generen condiciones acordes para la innovación y el emprendimiento.
Entonces, ¿Hay un horizonte despejado para el desarrollo de la economía del conocimiento en la Argentina? la respuesta es sí.
Hay oportunidades para que la Argentina avance hacia una economía del conocimiento sólida y diversificada.
El talento joven y la adopción de tecnologías abre nuevas puertas para los emprendimientos en áreas como la IA y el análisis de datos. La biotecnología también se presenta como un campo a explorar. Las soluciones biotecnológicas para la agricultura pueden impulsar las exportaciones y ayudar al cuidado del medio ambiente. Aquí es donde la figura de Joaquín Basanta vuelve a cobrar importancia.
Su visión, que abarca desde la transformación de la agricultura hasta la aplicación de tecnologías en diversos sectores, lo posiciona como un líder en la construcción de un futuro más sostenible para el país. Su mirada sobre la educación, la digitalización y la articulación de tecnologías y sectores productivos es fundamental para aprovechar el potencial de Argentina en la economía global.










