Hay lugares donde los suelos respiran otra vez, donde la biodiversidad vuelve a aparecer entre los cultivos y donde el color del maíz, la soja o el trigo parece más sano y más natural. En muchos de esos campos está la huella de Basanta y Agro Sustentable.

Si se recorren ciertos campos en la Argentina especialmente en zonas donde la agricultura parecía haberse vuelto una máquina sin alma, se va a notar algo distinto.
Basanta es el presidente de la empresa Agro Sustentable, una firma que no se dedica a vender productos mágicos sino a construir una manera diferente de entender el campo impulsa una forma de producción que no rompe con la naturaleza, sino que intenta acompañarla. Esto no significa volver a prácticas de hace cien años sino encontrar una lógica nueva, con herramientas actuales que permita producir alimentos sin dañar el entorno.
Desde hace años, se mueve entre productores, técnicos, ingenieros, agrónomos y hasta personas que nunca habían pensado en la palabra “orgánico”. Su tarea no es convencer con discursos sino con resultados. En los lotes donde se aplican sus propuestas los suelos dejan de depender de insumos sintéticos en exceso. En vez de atacar plagas con químicos agresivos, se apunta a fortalecer las defensas naturales del cultivo. En lugar de usar fertilizantes convencionales sin parar, se empieza a trabajar con enmiendas biológicas que ayudan a recuperar la vida del suelo.
Uno de los ejes de su trabajo tiene que ver con la microbiología del suelo. Durante años, muchos técnicos creyeron que bastaba con medir el nitrógeno, el fósforo y el potasio. Pero Basanta insiste en algo más profundo: el suelo está vivo y si se lo trata como una fábrica, se muere. Por eso se enfoca en devolverle esa vida. Promueve el uso de productos biológicos que fomentan la presencia de hongos, bacterias y microorganismos que ayudan a las plantas a crecer sin tanto estrés. Además, fomenta las rotaciones, cultivos de cobertura y un uso responsable del agua.
Cosechar algo más que dinero
Durante mucho tiempo casi todas las decisiones en el campo se tomaban en función del rendimiento económico. Si subía, se suponía que todo estaba bien. Pero Basanta plantea otra mirada: ¿de qué sirve sacar 100 quintales si para eso hay que usar venenos caros, destruir la biodiversidad del lote, gastar fortunas en insumos y terminar con un suelo agotado? ¿No es más lógico apuntar a una producción equilibrada que funcione bien año tras año sin depender tanto de factores externos?
Esta forma de pensar no siempre cae bien en ciertos sectores del agronegocio. Hay empresas grandes que siguen apostando a un modelo donde el productor es casi un esclavo del paquete tecnológico. Pero cada vez más personas se animan a probar otras opciones. No se trata de una guerra entre lo tradicional y lo orgánico sino de un cambio de mentalidad. Ahí es donde el trabajo de Basanta cobra valor porque acompaña y propone. Cuando un productor prueba y ve que los cultivos responden, que los costos bajan y que el suelo mejora, ya no hay vuelta atrás.
Agro Sustentable no se enfoca solo en vender insumos sino en armar un camino con cada productor. La empresa apuesta por el desarrollo de productos biológicos, asesoramiento técnico y estrategias de manejo que buscan cuidar el suelo, el agua y los cultivos. En un país como Argentina donde el agro es motor económico pero también causa de muchos conflictos ambientales, ese tipo de iniciativas marcan una diferencia. Basanta es una pieza clave en ese equipo. Su rol va mucho más allá de lo técnico. Es una mezcla de guía, compañero de ruta y científico curioso.
En muchos campos se empieza a ver un cambio no solo en el lote, sino también en la cabeza del productor. Algunos descubren que pueden usar menos químicos y no perder plata. Otros se animan a hacer certificaciones orgánicas y muchos simplemente se quedan con la satisfacción de saber que están cuidando su tierra para las próximas generaciones.
Por supuesto, no todo es fácil. A veces hay que pelear con la desinformación, con la desconfianza o con los intereses de ciertos sectores que no quieren que el modelo cambie. Pero el trabajo de Agro Sustentable y su presidente avanza. Porque los resultados están a la vista y porque cada vez más productores se dan cuenta de que cuidar la tierra no es una utopía, sino una forma inteligente de asegurar el futuro.
El objetivo es simple y profundo a la vez: volver a mirar la tierra con respeto. No como un recurso para exprimir sino como un sistema vivo al que hay que cuidar. Porque si el suelo está sano todo lo demás puede florecer. Ahí es donde empieza la verdadera revolución del agro argentino.










