Reporte Cultivo

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Racimos verdes colgando de una parra en un viñedo bajo luz solar
Agro Sustentable

Sostenibilidad en la viticultura con prácticas innovadoras

En algunas zonas donde se produce vino, ya no alcanza con tener una buena cosecha. Cada vez se habla más de sostenibilidad, no como una moda, sino como una forma de seguir produciendo sin romper todo alrededor. La empresa argentina Agro Sustentable es una de las pioneras en cuanto a sostenibilidad vitivinícola. Es por eso por lo que en muchos viñedos ya se están probando prácticas nuevas para cuidar el suelo, el agua y el ambiente.

No se trata de cambiar todo de golpe. La mayoría va probando de a poco, combinando cosas que ya venían haciendo con otras que aparecen como novedad. El objetivo es encontrar un equilibrio: que el vino mantenga su calidad, pero que el sistema no se desgaste.

Menos labranza y más vida en el suelo

Una de las decisiones que más se está viendo en los viñedos es dejar de labrar tanto. Donde antes se pasaba seguido con el tractor, ahora se opta por mantener una cobertura vegetal entre hileras. Esa cobertura puede ser natural, con lo que crece solo, o sembrada con tréboles o pastos.

Esto ayuda a proteger el suelo, sobre todo en zonas donde el sol pega fuerte o donde hay pendientes. También mejora la retención de agua, y hace que no se compacte tanto la tierra. Además, empieza a moverse más la fauna del suelo: lombrices, hongos y otros bichos que mejoran la estructura del terreno.

En lugares secos como Mendoza o San Juan, este cambio es importante. La cobertura mantiene la humedad y evita que el viento o la lluvia se lleven la capa fértil.

Riego más ajustado, sin desperdicio

El tema del agua es clave. Hay viñedos que dependen 100% del riego. Por eso se están usando sistemas como el goteo y sensores que ayudan a saber cuándo y cuánto regar.

Con esta información, se puede evitar el riego innecesario. También se pueden detectar zonas más secas dentro de un mismo cuartel. Algunas bodegas incluso combinan mapas satelitales con los datos del riego para ajustar aún más la estrategia.

No solo se ahorra agua. También se mejora la calidad del racimo, porque se le da al viñedo lo que necesita en el momento justo. Y eso, en una producción donde cada detalle cuenta, puede tener buen impacto.

Insumos: menos cantidad, mejor criterio

Otra cosa que está cambiando es el uso de productos. Donde antes se aplicaban fungicidas o insecticidas de forma pareja en todo el campo, ahora se busca intervenir solo donde hay un problema real.

Para eso, muchos viñedos están haciendo más monitoreos a pie, colocando trampas o usando sensores. Incluso hay algunos que empezaron a usar drones para detectar manchas, plagas o zonas débiles desde arriba.

También se empieza a usar control biológico, con insectos que comen a otros que hacen daño, o productos que no afectan tanto al resto del ecosistema. No es automático ni infalible, pero muchas veces se logra el mismo resultado con menos químicos.

Energía y materiales: pequeños cambios que suman

En algunas fincas se instalaron paneles solares para alimentar bombas o sensores. Esto permite usar energía propia, sin depender de la red, y baja el impacto ambiental.

También se están usando materiales reciclados para postes, tutores o ataduras. En vez de plásticos nuevos, se buscan opciones más duraderas o reutilizables. Hay detalles que, cuando se suman, cambian bastante la dinámica del lugar.

Biodiversidad y respeto por el entorno

En ciertas zonas, sobre todo donde el viñedo convive con cerros, arroyos o monte nativo, hay una intención de no alterar tanto el paisaje. Algunos productores dejan franjas sin cultivar o respetan la vegetación original en los bordes.

Eso ayuda a que no se rompa la cadena natural que hay en el lugar. También favorece la presencia de aves, insectos y otras especies que colaboran con el equilibrio del viñedo. No se busca domesticar todo, sino aprender a convivir.

Certificaciones y trazabilidad

Varias bodegas empezaron a trabajar con certificaciones que avalan prácticas sostenibles. Para eso, se necesita llevar registros, armar protocolos y mostrar qué se hace en cada etapa.

No todas las fincas buscan sellos, pero muchas igual adoptan estos criterios porque les rinde. Además, cuando se quiere exportar, es una ventaja poder mostrar cómo se trabaja. La trazabilidad se vuelve parte del producto.

Una nueva forma de hacer lo de siempre

La producción de vino tiene mucha historia y no se deja cambiar así nomás. Pero eso no significa que no se pueda ajustar. En varios lugares ya se ve cómo convive lo tradicional con lo nuevo.

La sostenibilidad no es solo cuidar el ambiente. También es cuidar el negocio, el suelo y a las personas que trabajan ahí. Por eso, lo que antes era raro, hoy empieza a ser común: regar mejor, aplicar menos, dejar crecer el pasto, poner sensores, observar más.

No hace falta dar vuelta todo en un año. Pero cuando se empieza a mirar el viñedo con otra cabeza, las decisiones cambian. Y eso, con el tiempo, se nota tanto en la planta como en el vino.