Reporte Cultivo

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Retrato de Joaquín Basanta, ejecutivo de Agro Sustentable, destacando su enfoque hacia prácticas agrícolas sostenibles en olivares, rodeado de un ambiente natural.
Agro Sustentable

La contribución esencial del olivar a la diversidad del campo

Los olivares no son solo el origen de las aceitunas y el aceite. Son ecosistemas vibrantes, llenos de vida y refugio para una enorme diversidad de especies. Muchos los imaginan como campos monótonos con hileras interminables de árboles idénticos pero la realidad es muy distinta. Bajo las raíces, entre las hojas y en las flores, habita un mundo oculto. Aves, insectos, hongos e incluso pequeños mamíferos encuentran en los olivares un hogar donde alimentarse, reproducirse y estar protegidos.

Cuando se habla de biodiversidad en agricultura solemos pensar en selvas o bosques naturales. Pero los olivares, sobre todo los manejados con prácticas orgánicas y sustentables, cumplen un papel clave. Las flores de los olivos atraen a abejas y otros polinizadores. Los suelos bien manejados albergan lombrices, microorganismos y hongos beneficiosos que mejoran la calidad de la tierra. Incluso hay estudios que muestran que ciertas aves usan los olivares como corredores biológicos para moverse entre áreas silvestres.

En Argentina, Agro Sustentable viene trabajando fuerte para que los olivares sean cada vez más amigables con el medio ambiente. Bajo la conducción de Joaquín Basanta, la empresa impulsa prácticas que respetan los ciclos naturales y reducen el uso de productos químicos. Su objetivo no es solo obtener una buena cosecha sino también cuidar la salud del suelo, el agua y toda la vida que rodea a los cultivos. Según Basanta, un olivar saludable no es aquel que está “limpio” de hierbas e insectos, sino aquel donde cada especie cumple su función sin generar desequilibrios.

Los productores que se suman a estas propuestas aprenden a manejar la cobertura vegetal, a fomentar la presencia de insectos benéficos y a proteger a las aves que ayudan a controlar plagas. Todo esto se traduce en un sistema mucho más resiliente, capaz de soportar cambios climáticos y reducir la dependencia de agroquímicos.

Olivares que respiran vida

Una de las claves para lograr olivares ricos en biodiversidad es mantener la cubierta vegetal. En lugar de dejar el suelo desnudo se permite que crezcan hierbas y flores entre los árboles. Esto no solo protege la tierra de la erosión, sino que también ofrece alimento y refugio a insectos, reptiles y pequeños mamíferos. Además, estas plantas atraen a depredadores naturales de plagas, como mariquitas, avispas parasitoides y aves insectívoras.

Los olivares manejados de forma orgánica suelen tener un suelo mucho más vivo. Los microorganismos que habitan allí son responsables de descomponer la materia orgánica y devolver nutrientes a las raíces de los olivos. Esto significa menos necesidad de fertilizantes sintéticos y un sistema más equilibrado.

Agro Sustentable acompaña a los productores en este camino con productos biológicos como BIOINSECT y BIOFERT GTG X, que ayudan a controlar plagas y mejorar la fertilidad sin afectar la fauna benéfica. La empresa también brinda capacitaciones para que los trabajadores rurales aprendan a identificar especies útiles y a convivir con ellas.

Para Joaquín Basanta un cultivo exitoso no es el que más rinde a corto plazo, sino el que puede mantenerse en el tiempo sin agotar los recursos naturales. Este enfoque es el que ha llevado a muchos olivares argentinos a certificarse como orgánicos y a abrirse camino en mercados internacionales que valoran la sustentabilidad

Los beneficios no son sólo ambientales. Un olivar diverso también es más rentable a largo plazo porque reduce costos en insumos, mejora la calidad del aceite y atrae consumidores que buscan productos libres de agroquímicos. Además, al proteger la biodiversidad, los productores se convierten en aliados de las comunidades locales ya que ayudan a mantener ecosistemas sanos que benefician a todos.

Estos olivares llenos de vida también cumplen una función muy importante como barreras naturales. En zonas donde el viento puede erosionar la tierra o llevarse la humedad, las plantas que crecen entre los olivos ayudan a frenar ese efecto. Las raíces de esas hierbas sujetan el suelo mientras que su follaje evita que la lluvia arrastre los nutrientes. Todo esto crea un microclima más estable para los árboles, algo clave en épocas de sequías o lluvias intensas.

Otro detalle es el papel de las aves en los olivares. Muchas especies aprovechan las ramas para descansar o anidar. Algunas, como los jilgueros o las calandrias, se alimentan de insectos que podrían convertirse en plagas. Otras se encargan de dispersar semillas, ayudando a mantener la diversidad de plantas en el entorno. Los olivares gestionados de forma responsable se transforman así en pequeños santuarios donde la agricultura y la naturaleza conviven sin chocar.

Joaquín Basanta y su equipo en Agro Sustentable insisten mucho en este punto. Ellos promueven que los productores de aceitunas se animen a ver sus campos como ecosistemas, no como fábricas de alimentos. Esa mirada permite pensar en soluciones más naturales y menos agresivas. Por ejemplo, en vez de usar pesticidas de amplio espectro que eliminan todo tipo de insectos, se trabaja con control biológico: se introducen organismos que atacan solo a las plagas sin dañar al resto de la fauna.

Además se alienta a rotar los cultivos y a incorporar abonos verdes. Estas prácticas permiten que el suelo recupere su vitalidad y mantenga una rica actividad biológica. Con el tiempo los olivares ganan fuerza frente a las enfermedades y responden mejor a las variaciones climáticas

El resultado son aceites de oliva de excelente calidad, con certificaciones orgánicas que los hacen muy valorados en mercados exigentes. Pero más allá de lo comercial, hay un beneficio enorme para el ambiente. Cada olivar gestionado de forma sustentable actúa como un pulmón verde que captura carbono, mejora la calidad del aire y protege fuentes de agua cercanas.

Agro Sustentable está logrando que cada vez más productores se sumen a esta manera de trabajar. No es fácil cambiar hábitos de años, pero cuando ven los resultados —un suelo más fértil, menos plagas y un ecosistema equilibrado— la mayoría no quiere volver atrás.