Según especialistas, el futuro del sector vitivinícola está en abrirse a las nuevas tecnologías, ya que las nuevas técnicas genéticas ofrecerán una oportunidad para que los países puedan dar un paso adelante y conservar la productividad para seguir siendo competitivos.
La viticultura y la agricultura tienen que emplear variedades mejoradas genéticamente, para adaptarse a las nuevas condiciones ambientales. De esta forma, el objetivo de conseguir variedades resistentes es aportar alternativas innovadoras a la viticultura para conseguir un modelo social y ecológico sostenible, y además que sea económicamente competitivo.
Está claro que las ventajas de la reducción de productos fitosanitarios tienen consecuencias beneficiosas indiscutibles, en la gestión ambiental y en la salubridad del producto final, y también en el beneficio en los resultados económicos de las empresas vitícolas, más que nada por la reducción de riesgos de pérdida de producción.
Los profesionales estiman además que con las variedades resistentes se puede llegar a reducir hasta un 70% de los costos en tratamientos. En esa línea, los productores tienen que lograr obtener una alternativa factible hacia la sostenibilidad no solo medioambiental, sino también económica.
Lograr vinos sustentables: el ejemplo de Resistenti
Una red de empresas compuesta por ocho compañías agrícolas que operan en diferentes territorios han optado por producir vinos que combinan, desde la viña hasta la botella, la excelencia cualitativa con la sostenibilidad real.
Para lograr este propósito, han apostado fuertemente por variedades de uva resistentes a enfermedades fúngicas. Según los integrantes del proyecto, se cree que estas variedades serán el futuro y tal vez sean ya el presente en algunas áreas porque es la única forma hoy en día de combinar la sostenibilidad y la calidad en la industria del vino. Además, los especialistas sostienen que se pueden hacer vinos de alta calidad con variedades resistentes.
La mejora genética está impactando en todos los sectores agrícolas como una herramienta imprescindible para salvaguardar la sostenibilidad y la biodiversidad del entorno. En esa línea, los productores han observado que la viticultura está en plena transformación cuando se aprueba y se incluye en su plan estratégico la plantación y el desarrollo de nuevas variedades resistentes.
Ante este escenario, se vislumbra un cambio revolucionario para la viticultura española con el desarrollo de variedades resistentes obtenidas a partir de variedades autóctonas como pudieran ser ‘Godello’, ‘Tempranillo’ o ‘Verdejo’.
Según el director del Centro de Investigación en Viticultura y enología de Italia, para el futuro del mejoramiento se abren nuevos horizontes: en Italia, gracias a una ley nacional, se permite la posibilidad de utilizar biotecnologías por primera vez. Las Nuevas Técnicas de Mejora (NTM) que en Italia llaman Tecnologías de Evolución Asistida (TEA).
En este caso, una ley italiana permite dar un pequeño paso más rápido que el resto de Europa. Son solo experimentos, pero un paso importante para poder entender si las plantas mutantes pueden ser resistentes a las enfermedades en el campo.
El camino hacia variedades resistentes autóctonas es un objetivo perseguido en las principales regiones vitícolas, y podría ser la clave para enfrentar desafíos fitosanitarios y revolucionar la manera en que se cultiva y disfruta del vino en España.
Según referentes del sector, las variedades resistentes otorgan un arma muy potente para el campo, pero también a nivel sensorial ya que se está observando que los vinos conseguidos en base a estas variedades están dando muy buenos resultados en calidad y valores organolépticos.
Además, no se puede dejar atrás la tendencia creciente entre los consumidores jóvenes que es la demanda hacia la calidad por encima del origen.
Estos productos están más centrados en lo que ofrece el vino que de donde procede ese vino y se reclama un respeto desde las marcas hacia el medio ambiente.
Además, el uso de fitosanitarios aleja al consumidor porque lo perciben como algo negativo. Se prevé que las variedades resistentes consigan acercarse más a las demandas crecientes de estos nuevos consumidores y por supuesto, la aceptación final de las variedades está vinculada a la aceptación por parte del consumidor.
En resumen, la aceptación y el interés en estas variedades por parte de prestigiosas regiones vinícolas y empresas destacadas dan cuenta del potencial para conservar la calidad y la autenticidad del vino mientras se abordan los desafíos actuales en términos de sostenibilidad, rentabilidad e impacto social, permitiendo de esta forma una competitividad económica a largo plazo.









