Reporte Cultivo

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Viticultura

El camino hacia sostenibilidad en la viticultura

El apoyo de expertos y proyectos de investigación asegura que las variedades resistentes son una guía hacia el futuro más prometedor para la viticultura. 

La presión económica, ecológica y social para modificar los métodos productivos de la viticultura, en particular, y de la producción de frutales, en general, es cada vez mayor y los costos son cada vez más elevados. 

Específicamente, la protección química frente a las numerosas enfermedades de la vid no sólo es costosa a nivel económico, sino que también genera preocupaciones en los consumidores por los efectos secundarios en la salud y en el medio ambiente. 

Todo ello concluye en que gran parte de los tratamientos químicos deben ser reemplazados por el uso de resistencias genéticas, que supondría una reducción en gran parte del costo de producción agronómica también.

El proyecto de Agromillora

Con este objetivo, en el año 2018 Agromillora comenzó un proyecto para establecer una red de campos experimentales con variedades híbridas resistentes a mildiu y oídio, y un segundo proyecto que le ha dado continuidad a la evaluación de 9 variedades con el fin de conseguir la autorización para la comercialización de las variedades resistentes que hayan demostrado una buena aptitud en nuestras zonas vitivinícolas. 

La meta que abarca este nuevo escenario es poder cultivar con una reducción importante de tratamientos fitosanitarios, y obtener vinos más competitivos económicamente y también más saludables acorde a las demandas del consumidor. 

Las nuevas variedades resistentes obtenidas en el programa de mejora genética ofrecen la oportunidad de minimizar considerablemente las aplicaciones de tratamientos fitosanitarios. 

Dichas variedades se han obtenido a partir de hibridaciones y subsiguientes retrocruzamientos, y se ha conseguido obtener cualidades enológicas equiparables a cultivares de Vitis vinífera.

Según expertos, los resultados muestran una gran capacidad de resistencia frente a los hongos causantes del mildiu y el oídio en algunas de las variedades ensayadas. 

Otras variedades presentan diferentes grados de resistencia según la enfermedad, pero habitualmente por encima de las variedades usadas como referencia, en el caso de Cataluña, ‘Macabeo’ y ‘Tempranillo’. 

En esta línea, los especialistas aseguran que es esencial la realización de ensayos en diferentes condiciones y zonas, con el fin de definir la capacidad de resistencia de cada variedad y poder aportar al sector esta información de manera contrastada y fiable. 

El informe también ha dejado entrever que la sostenibilidad del viñedo está muy condicionada por la situación de cambio climático, especialmente en la viticultura de secano. 

La investigación de INTIA

El estudio del INTIA tiene un interés especial ya que tiene en cuenta un emplazamiento con una precipitación media anual de 1700 mm, con precipitaciones, entre abril y octubre, de 400-500 mm y con temperaturas medias de 22ºC, lo que puede llegar a generar hasta 10-12 ciclos de reinfección de mildiu y oídio. 

Con estas condiciones climáticas ha resultado muy interesante poder evaluar la tolerancia real de las variedades, observándose claras diferencias entre variedades y permitiendo una selección de aquellas con mejores tolerancias. 

Profesionales sostienen que actualmente se vive un momento donde la importancia sobre la sostenibilidad medioambiental y la transición hacia estrategias de producción ecológicas es muy importante, tanto a nivel de políticas como a nivel de mercado, por lo que los productores están obligados a reducir las presiones fitosanitarias. 

Asimismo, el proceso de aprobación de estas variedades es arduo y laborioso, ya que, para conseguir la aceptación de estas nuevas variedades en España, se utiliza la vía de comparación con variedades de referencia, conocidas en el sector como el ‘Tempranillo’ en tinto y ‘Verdejo’ en blanco. Esta perspectiva conlleva a cabo un ensayo experimental que implica la evaluación de nueve variedades resistentes junto con las referencias.  

La implementación de las variedades resistentes requiere un exhaustivo estudio de cinco años, comparando datos con un testigo. Este análisis abarca la evaluación agronómica, la tecnología y la calidad del vino en relación con otras variedades. Este proceso es un desafío, ya que, desde la formación del viñedo hasta la recopilación de datos, transcurren casi 10 años.

En resumen, se puede decir que obtener una producción vitivinícola sustentable se requiere de una investigación y del hallazgo de variedades resistentes para poder reducir la aplicación de químicos y tener productos de calidad.