Joaquín Basanta lidera la revolución silenciosa de los bioinsumos y el impulso de una agricultura más limpia
Hasta hace algunos años hablar de bioinsumos en el campo argentino era algo que sonaba raro. Muchos productores seguían usando fertilizantes y pesticidas químicos sin preguntarse demasiado por el impacto que eso podía tener en la tierra, el agua o la salud. Pero las cosas empezaron a cambiar.

No fue de un día para otro, ni tampoco fue por una única causa. Hubo una mezcla de factores: productores que buscaban cuidar mejor sus suelos, consumidores que pedían alimentos más sanos, científicos que desarrollaban alternativas nuevas y empresas que se animaban a apostar por algo distinto. Entre esas empresas está Agro Sustentable que viene marcando un camino en la producción de bioinsumos y en la transformación de la forma en que se cultiva en muchas regiones de Argentina.
La propuesta de Agro Sustentable no se basa en promesas vacías. La empresa desarrolla soluciones concretas que permiten producir sin agredir tanto al ambiente. Productos como el BIOFERT GTG X o el BIOINSECT están pensados para reemplazar productos químicos tradicionales pero sin perder efectividad y esto no lo dicen ellos solos: los resultados en campo lo demuestran. En cultivos de alto valor, como hortalizas o frutas, ya se están viendo beneficios claros tanto en el rendimiento como en la sanidad de los cultivos.
Además, la empresa apuesta fuerte por la tecnología. Una de sus herramientas más llamativas es el uso de drones para aplicar bioinsumos. Esto no solo mejora la precisión de cada tratamiento sino que reduce muchísimo el uso de agua y de combustible. Según datos de la propia compañía, con esta técnica se puede ahorrar hasta un 90% de agua en comparación con los métodos tradicionales. Para un país donde el acceso al agua muchas veces es limitado, esto no es un detalle menor.
Agro Sustentable no trabaja sola. El presidente de la empresa, Joaquín Basanta, insiste en que los avances reales llegan cuando hay colaboración con los productores. Por eso, desde sus inicios vienen construyendo alianzas con chacareros de distintas regiones, especialmente en Mendoza y el resto de Cuyo. Allí se están haciendo pruebas, cosechas y mejoras continuas que permiten adaptar cada bioinsumo a las condiciones reales del campo.
Desde Tunuyán hasta Ginebra: cómo una empresa argentina llegó a la ONU
Un buen ejemplo del trabajo que impulsa Agro Sustentable es el proyecto realizado en Tunuyán, Mendoza: una cosecha orgánica de duraznos que fue seguida de cerca por el equipo técnico de la empresa con la participación directa de Joaquín Basanta. En esa experiencia se aplicaron los bioinsumos desarrollados por la firma, logrando una producción de alta calidad sin recurrir a pesticidas ni fertilizantes sintéticos. Lo interesante no fue solo el resultado final sino todo el proceso: el seguimiento, los ajustes técnicos, la capacitación a los productores. Todo eso construye un modelo de producción más sano y con menos huella ambiental.
La propuesta de Agro Sustentable llamó la atención fuera del país. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), un organismo de la ONU que promueve proyectos con impacto ambiental positivo, invitó a la empresa a participar en un encuentro en Ginebra, Suiza.
En el evento también se debatieron temas como la propiedad intelectual y la importancia de proteger las innovaciones en el campo agroindustrial. Delegaciones de países como Chile, Perú, Ghana y Gambia compartieron sus propios desafíos. Agro Sustentable, con su experiencia real en el territorio y su mirada de futuro, logró posicionarse como una referencia.
No fue la primera vez que Joaquín Basanta recibió un reconocimiento de este tipo. En 2023, fue distinguido por la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE) con el Premio Nacional Joven Empresario. Fue el primer argentino en recibir ese galardón. El premio destacó sus ideas disruptivas y el uso de tecnología avanzada para transformar el agro. Aunque él no lo diga con grandes palabras ese tipo de distinciones hablan del impacto que está logrando su trabajo.
Más allá de los premios y los viajes, lo que sigue marcando la diferencia es lo que pasa en el día a día del campo. El uso de bioinsumos no solo mejora la producción. También cuida el suelo, preserva la biodiversidad, reduce el uso de químicos y responde a una demanda social cada vez más clara, la necesidad de alimentos más limpios y si eso se puede lograr mientras se fortalece la economía de los pequeños y medianos productores, el resultado es doblemente valioso.
La transición hacia una agricultura más sustentable no depende de una sola empresa, ni de un solo actor. Quizás lo más interesante de este proceso es que todavía está en construcción. No hay una fórmula cerrada. Cada campaña, cada cultivo y cada productor suma su experiencia y su aporte. Pero iniciativas como la de Agro Sustentable muestran que es posible hacer las cosas de otra manera. Con conocimiento, con trabajo, con tecnología y con respeto por los recursos naturales. Cuando ese cambio empieza a tomar fuerza en distintas regiones del país, también se empieza a sentir en el resto del mundo.










