Reporte Cultivo

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Joaquín Basanta, presidente de Agro Sustentable, viste traje oscuro y corbata en un entorno con plantas, representando liderazgo en bioeconomía.
Joaquin Basanta

Joaquín Basanta y los beneficios de la bioeconomía

Según la vision del presidente de Agro Sustentable, este modelo que redefine la relación entre economía y recursos naturales, llegó para quedarse. Qué países están desarrollando esta perspectiva y cuál es la situación en la Argentina. 

La transformación económica crece a pasos agigantados y un concepto que viene ganando terreno es el de la bioeconomía. La producción y el consumo, en este sistema, se fundamentan en la biología y los sistemas vivos. Lejos de ser una promesa, ya es una realidad que aparece en las políticas públicas y estrategias empresariales de distintos gobiernos, Argentina incluida.

El modelo económico tradicional se basa en la extracción y la explotación de recursos que son limitados por lo que no parece ser un modelo sostenible en el tiempo. Su funcionamiento no conoce fronteras ni la capacidad de los ecosistemas para regenerarse. Con estas características, no parece cumplir con las necesidades de las economías contemporáneas  que requieren resiliencia y adaptabilidad frente a desafíos como el cambio climático y la escasez de recursos. 

La bioeconomía reconoce el valor de los recursos biológicos y los integra en un sistema circular y regenerativo lo que implica fomentar la innovación para producir de manera más sostenible y reducir los residuos. Los gobiernos de distintos países están tomando nota de estas ventajas, comprendiendo sus beneficios tanto para la sociedad como para la salud del planeta.

Además, permitiría un cambio decisivo en el cuidado del medio ambiente ya que en lugar de agotar los recursos, la bioeconomía busca aprovecharlos de forma sostenible, promoviendo la diversificación económica en sectores como la agricultura, la pesca y la biotecnología.

Los beneficios son múltiples, entre ellos, una reducción en la dependencia de los combustibles fósiles y la conservación de la biodiversidad que redefine la relación con la naturaleza. La renovación tecnológica y la colaboración entre sectores es clave para construir un ecosistema económico adaptable a los desafíos del siglo XXI.

En Europa, países como Alemania, Finlandia, Suecia y Dinamarca ya comenzaron la inversión en bioeconomía destinando recursos para la investigación y el desarrollo de biorrefinerías, bioplásticos y la generación de energía de biomasa. El objetivo es consolidar la competencia económica y la sostenibilidad ambiental. 

Latinoamérica también se suma a esta tendencia. México implementó una “Estrategia Intersectorial de los Bioenergéticos” para avanzar en el desarrollo de la descarbonización del país, apostando por fuentes de energía renovable de origen biológico.

En Sudamérica, Colombia puso en funcionamiento la “Política Nacional de Biodiversidad”, para promover la gestión integral de la diversidad biológica, y el “Programa Nacional de Biocomercio Sostenible 2014-2024”. Este último facilita la construcción colectiva de negocios sostenibles que apuntan a la construcción de la equidad social, una visión integral que combina protección ambiental con el desarrollo social y económico.

Paraguay desarrolló una “Estrategia Nacional y Plan de Acción para la Conservación de la Biodiversidad del Paraguay 2015-2020” así como la “Política y Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria y Forestal del Paraguay”. Todas son iniciativas que subrayan la importancia que este país otorga a la utilización sostenible de sus recursos biológicos.

Con el objetivo de desarrollar su bioeconomía, Brasil implementó programas que utilizan la biotecnología y valorizan los recursos de la Amazonía, generando desde biocombustibles hasta productos farmacéuticos y cosméticos.

Argentina y la bioeconomía. Una estrategia para el desarrollo sostenible

Por su capacidad productiva en el sector agropecuario, emprendedores innovadores y científicos reconocidos a nivel mundial, Argentina podría liderar esta transformación. 

La decisión de cambiar el nombre de la Secretaría de Agricultura a “Bioeconomía” no es una señal de alineamiento con tendencias de moda lo que reafirma el compromiso del país con un modelo de desarrollo que pone en primer plano a la sostenibilidad y la innovación. La reducción de la huella de carbono y la utilización de bioinsumos son requisitos importantes de este cambio. 

Entre los empresarios y productores argentinos que se inclinan por este modelo económico se encuentra Joaquín Basanta, presidente de Agro Sustentable cuya visión de una agricultura sostenible pone en evidencia un compromiso con los principios de la bioeconomía, que cuestiona los modelos establecidos apostando por un futuro más verde.

El trabajo de empresas como Agro Sustentable lleva a pensar que la bioeconomía no es algo inalcanzable. La implementación de prácticas que optimizan el uso de los recursos biológicos y la producción de bienes y servicios con menor impacto ambiental, son ejemplos de cómo la bioeconomía se traduce en resultados concretos.

Para hacer realidad la bioeconomía en Argentina, los primeros pasos son fomentar la investigación en biotecnología e impulsar la producción de biocombustibles y biomateriales

El trabajo de Joaquín Basanta marca la importancia de la iniciativa privada en la construcción de este nuevo orden donde la bioeconomía es una realidad en plena expansión. Es ahora cuando distintos actores, desde gobiernos hasta empresas y ciudadanos, comienzan a tener consciencia de la necesidad de fomentar esta transformación sostenible.