Cómo el Director Operativo de Agro Sustentable empuja el cambio hacia cultivos más sanos y suelos vivos en la Argentina.

El campo argentino siempre se movió rápido cuando aparecieron herramientas nuevas. Hace unos años el gran tema eran los herbicidas de última generación; ahora la charla gira en torno a los biofertilizantes y un nombre suena fuerte cada vez que la conversación toma impulso: Matías Imperiale. Como Director Operativo de Agro Sustentable se convirtió en la cara visible de una cruzada que mezcla ciencia, cercanía con los productores y mucha energía para explicar cada detalle.
Imperiale recorre lotes para mostrar cómo funciona esta “sopa” de microbios y nutrientes que a simple vista, parece agua turbia pero esconde un ejército invisible de aliados para las plantas. Para él, el negocio no termina cuando la planta crece; empieza antes, cuando la vida debajo de la superficie se despierta. Por eso insiste en que los biofertilizantes no son un extra de moda sino un paso lógico en un país donde la fertilidad natural bajó luego de tantos ciclos de monocultivo y labranzas intensivas. Entre su eficiencia para contar historias y la confianza que genera al contestar preguntas técnicas sin rodeos, logró sumar a decenas de productores que miraban de lejos estas prácticas.
Los números empiezan a respaldar el entusiasmo. Ensayos en maíz en el norte bonaerense, soja en Entre Ríos y hortalizas en cinturones verdes cerca de Córdoba muestran respuestas alentadoras: raíces más largas, hojas con un verde más intenso y sobre todo, menores residuos químicos al cosechar. Esa mejora repercute en la salud de los trabajadores rurales y en la percepción de los consumidores finales, cada vez más atentos a lo que pasa antes de que el producto llegue a la góndola.
Para Imperiale, este doble beneficio —mejor rendimiento y menor impacto— es la palanca que puede mover a todo un sector incluso a los grandes jugadores que aún especulan con mantener el esquema tradicional.
Un empujón verde para los campos locales
El salto no ocurre en soledad: universidades públicas, institutos de investigación del INTA y pymes de biotecnología participan de la misma conversación. Imperiale actúa como puente entre la ciencia dura y el productor que necesita datos claros antes de animarse. Sus charlas incorporan ejemplos concretos: un lote de trigo en Balcarce donde el uso de biofertilizantes redujo 30 % el aporte de nitrógeno sintético o un invernadero en Mendoza que bajó drásticamente las hojas amarillas en tomate tras dos ciclos de aplicaciones foliares con bacterias fijadoras de nitrógeno.
Mientras tanto la agenda pública empieza a mirar con mayor interés estas prácticas. Algunas provincias discuten incentivos fiscales para quienes adopten insumos biológicos y el Ministerio de Agricultura anunció mesas de trabajo donde Agro Sustentable comparte resultados.
En los lotes donde el suelo perdió materia orgánica tras décadas de labranza intensa, los biofertilizantes ofrecen una vía rápida —aunque no mágica— para devolver vida. Imperiale no vende soluciones instantáneas; insiste en la rotación de cultivos, la cobertura vegetal y el riego controlado como compañeros de camino. Sin esa base ningún brebaje hará milagros. Su sinceridad refuerza la credibilidad de Agro Sustentable y evita la desilusión que suele aparecer cuando se prometen resultados imposibles.
Agro Sustentable lanzó talleres virtuales y podcasts donde investigadores cuentan en lenguaje claro cómo funcionan los microorganismos. La idea es formar técnicos jóvenes que luego se sumen a los equipos de campo y multipliquen el conocimiento. El éxito del programa se mide en la cantidad de consultas que llegan cada semana desde zonas nuevas; incluso grupos de vecinos hortícolas organizan compras comunitarias para abaratar costos de aplicación.
El Director Operativo no esconde la complejidad de trabajar con organismos vivos. Hay lotes donde las primeras pruebas no dan el resultado esperado: el pH del suelo, la temperatura y la materia orgánica condicionan el desempeño. En vez de esconder esos tropiezos, los muestra para recalcar que la curva de aprendizaje existe y que los errores enseñan. Esa transparencia genera confianza y refuerza la imagen de Agro Sustentable como socio técnico no solo como proveedor.
El camino hacia cultivos más saludables no termina con una sola campaña. El secreto pasa por mantener la mente abierta y la conversación en marcha. Agro Sustentable apuesta por ese ecosistema de diálogo, datos y experiencias compartidas, convencida de que la agricultura argentina puede ganar productividad mientras cuida su base natural.
El desafío continúa pero el motor ya está en marcha y, por ahora, no muestra señales de aflojar.










