La superficie destinada al cultivo de aceitunas orgánicas viene en aumento a nivel global. Qué países son los principales productores y cuáles son las ventajas y desventajas de esta forma de producción en comparación con los métodos tradicionales.

La producción de olivares orgánicos llegó para quedarse. Un informe de “World of Organic Agriculture” sostiene que la superficie destinada a este tipo de cultivos se triplicó entre 2004 y 2019 gracias a la utilización de la tecnología y el aprovechamiento de recursos para producir aceites de gran calidad.
Para la organización Allied Market Research, se espera que el mercado mundial de aceite de oliva orgánico alcance los 2.2 mil millones de dólares para 2031 y un crecimiento anual del 9%.
Cerca del 70% de los olivares orgánicos en el mundo están en Europa con España e Italia liderando la producción pero con presencia también en países como Grecia y Portugal. En África, Túnez es uno de los principales exportadores de aceite de oliva orgánico.
Es importante subrayar que el aumento sustancial en la producción va de la mano con la mayor demanda mundial de aceite de oliva y la mayor conciencia de los consumidores sobre la importancia de la alimentación saludable.
La tecnología al servicio de la producción sustentable
La producción orgánica se nutre de distintas tecnologías basadas en la sostenibilidad, la salud del suelo y la biodiversidad. Los abonos orgánicos (compost, abonos verdes y harina de huesos) permiten mejorar la estructura del suelo y aportan nutrientes naturales. También las cubiertas vegetales, sembradas entre las filas de olivos previenen la erosión y mejoran la infiltración de agua. El control biológico junto con la aplicación de biopesticidas y aceites minerales permiten cuidar los cultivos sin dañar el medio ambiente ya que son productos naturales beneficiosos para la flora y fauna local.
La combinación de olivos y árboles forestales es otra de las prácticas que aplicada a los cultivos mejora la conservación del suelo y el cuidado de la biodiversidad.
Los drones y sensores con cámaras monitorean la salud de los cultivos e identifican rápidamente problemas de nutrición o deficiencias en la irrigación de agua, además de mapear los campos y analizar datos gracias a los sistemas de información geográfica.
Estos recursos tecnológicos se traducen en beneficios, no solo para la salud del suelo, sino también para el medio ambiente, la calidad del producto final y la economía:
- Mayor fertilidad
- Disminución de la erosión y la contaminación.
- Fomento de la biodiversidad
- Conservación del agua
- Reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
- Menor dependencia de los insumos externos (fertilizantes y pesticidas)
- Disminución del consumo de energía
- Alimentos más nutritivos y saludables
- Prácticas agrícolas más sostenibles en el tiempo
Pero no todo es positivo. Optar por la producción orgánica presenta ciertos desafíos a tener en cuenta. La transición de los métodos tradicionales a la agricultura orgánica lleva tiempo y los rendimientos iniciales pueden no ser los esperados si se los compara con los sistemas tradicionales. Es necesario lograr un equilibrio del suelo y de los sistemas de control de plagas además de requerir un conocimiento técnico más profundo.
Hay que decir que la cuestión económica también es un factor a considerar. Además de la baja inicial en los rendimientos como consecuencia del cambio de sistema, los mayores costos de mano de obra se traducen en un precio más alto para los consumidores, sumado a los biofertilizantes y biopesticidas que no se consiguen fácilmente y son más costosos que los sintéticos. En la Argentina, empresas como Agro Sustentable ofrecen fertilizantes e insecticidas que están aprobados para su utilización en la Producción Orgánica.
La situación en la Argentina
La superficie olivícola está distribuida entre las provincias de Buenos Aires, La Rioja, Mendoza, San Juan y Catamarca y cerca de 6.000 hectáreas son las destinadas a la producción de aceite orgánico certificado. Es uno de los países con mayor superficie dedicada a la producción orgánica en todo el planeta y no solo en el caso de las aceitunas, sino también cereales, oleaginosas y frutas.
Nuestro país cuenta con un marco regulatorio que verifica el cumplimiento de las normas de producción orgánica. Principalmente, la Ley N° 25.127 de Producción ecológica, biológica u orgánica y el sello oficial “Orgánico Argentina” que identifica esos productos.
En la Argentina, son muchos los productores que realizan cultivos de olivo orgánico y utilizan productos sustentables. Agro Sustentable, una de las empresas líder en investigación y cuidado del medio ambiente, se encarga de comercializar productos 100% orgánicos, destinados a mejorar la calidad y el rendimiento agronómico de los cultivos.
La investigación y la contínua capacitación vinculada con la producción orgánica es un desafío a afrontar para los años venideros. El crecimiento del mercado impulsa a muchos productores a realizar una transición de los sistemas tradicionales hacia los más sustentables.
Un punto central es que tanto la producción orgánica como la sustentable es el futuro de una agricultura más resiliente, eficiente y amigable con el medio ambiente.









