Reporte Cultivo

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Cultivos alineados y un cielo despejado, representando un ambiente agrícola adecuado para la aplicación de bioinsumos.
Agro Sustentable

Bioinsumos y downwash: ¿por qué este fenómeno es vital para el campo?

Cuando se habla de aplicar bioinsumos en los campos argentinos, hay un tema que muchos productores recién están empezando a conocer: el famoso downwash. Puede sonar como un término técnico salido de un manual de aviación, pero en realidad tiene mucho que ver con cómo llegan los productos biológicos a las hojas de los cultivos y, sobre todo, cómo se distribuyen de forma pareja para que funcionen bien.

El downwash se refiere al aire que empujan hacia abajo las aspas de un dron o las palas de un helicóptero mientras vuelan. Ese flujo de aire crea un efecto que ayuda a que las gotas de bioinsumos no se queden flotando en el aire o se pierdan por el viento. En cambio, las “empuja” hacia las plantas logrando que lleguen mejor a las hojas, los tallos y hasta las zonas internas de la planta donde suelen esconderse las plagas.

En Argentina, donde cada vez más productores se están animando a probar bioinsumos para controlar plagas o nutrir los cultivos sin usar agroquímicos, entender el downwash es clave. Los bioinsumos son organismos vivos o derivados de ellos. Hablamos de bacterias, hongos, extractos de plantas o insectos benéficos que necesitan llegar en buenas condiciones a su “objetivo”. Si se aplican mal, se pueden perder en el aire o morir antes de hacer efecto.

Empresas como Agro Sustentable vienen trabajando fuerte para que este tipo de prácticas sean más conocidas. Ellos promueven el uso de drones para la aplicación de bioinsumos porque, además de ser más rápidos y precisos, aprovechan mejor el efecto del downwash. Así logran que los productos se distribuyan de manera uniforme, incluso en cultivos altos o en terrenos difíciles de recorrer con máquinas tradicionales.

Argentina es un país enorme y muy diverso en términos de agricultura. Desde el NOA con sus fincas de limón y caña de azúcar hasta la pampa húmeda con soja, trigo y maíz, pasando por los olivares y viñedos de Cuyo. En todos esos lugares la gente está buscando alternativas más sustentables porque la presión de los mercados externos y de los consumidores es cada vez mayor. Muchos compradores internacionales no quieren residuos de agroquímicos en los alimentos. Por eso, aplicar bioinsumos correctamente se vuelve una necesidad, no solo una opción.

Cómo impacta el downwash en la agricultura orgánica y sustentable

El downwash tiene un efecto muy interesante cuando se usa bien. Las gotas que caen gracias a esa corriente de aire llegan con más fuerza y penetran mejor en la estructura del cultivo. Esto es vital en hojas que están en distintas alturas o en plantas muy frondosas. En viñedos o en cultivos de pepino bajo invernadero, por ejemplo, es difícil alcanzar las hojas inferiores. Gracias al downwash, las gotas pueden “barrer” toda la planta desde arriba hacia abajo.

Pero no todo es tan sencillo. Si el operador del dron no ajusta bien la altura de vuelo o la velocidad, el downwash puede ser demasiado fuerte y dañar las plantas más tiernas, o demasiado débil y no lograr que el producto llegue bien. Por eso Agro Sustentable insiste en capacitar a los productores y en trabajar con pilotos de drones que sepan cómo calibrar los equipos. No es solo cuestión de tirar el bioinsumo desde el aire, hay que hacerlo de forma técnica para que el microorganismo sobreviva y cumpla su función en el cultivo.

En Argentina hay muchas zonas donde el uso de bioinsumos está creciendo, sobre todo en los que exportan frutas y hortalizas. Mendoza, Río Negro y Tucumán son ejemplos claros. En estos lugares, las aplicaciones con drones ya están siendo parte del manejo integrado de plagas y enfermedades. La idea es reducir la cantidad de agroquímicos, ahorrar agua y mejorar la salud del suelo y del ecosistema.

Agro Sustentable, además, está probando técnicas combinadas donde se aplican biofertilizantes y biocontroladores en la misma pasada. Esto hace que el productor ahorre tiempo y recursos y nuevamente, el downwash juega un rol esencial: permite que ambos productos lleguen a donde tienen que llegar sin pérdidas ni derivas.

La diferencia con los métodos tradicionales es grande. Los pulverizadores terrestres suelen generar una deriva mayor, es decir, gotas que se pierden en el aire y no llegan a la planta. Con los drones bien configurados y aprovechando el downwash, se reduce ese problema. También se evita la compactación del suelo porque no hay máquinas pesadas pasando por el lote.

En muchos campos orgánicos argentinos esto marcó un antes y un después. Los productores valoran que se puede aplicar en momentos críticos como cuando el suelo está húmedo por lluvias y las máquinas convencionales no pueden entrar sin dañar la estructura del suelo.

También hay que pensar en los microorganismos que viajan en cada gota. Los bioinsumos no son como un fertilizante químico que aguanta casi cualquier cosa. Son seres vivos o sustancias muy delicadas. Si las gotas no llegan bien o se rompen demasiado en el aire se puede perder eficacia. Por eso el downwash es tan útil: logra que las gotas bajen rápido y con menos exposición al viento o al sol, protegiendo a esos organismos.

En Mendoza, varios productores de uva para vino están usando esta tecnología con muy buenos resultados. Gracias a la combinación de drones y bioinsumos están controlando plagas como la polilla de la vid y enfermedades como el oídio sin necesidad de químicos agresivos. El downwash permite que los tratamientos lleguen incluso a los racimos más escondidos entre las hojas y esto se traduce en vinos con menos residuos, que cumplen con las exigencias de mercados como el europeo.

Tucumán es otro ejemplo interesante. En las fincas de limón, donde las copas de los árboles son muy densas, aplicar bioinsecticidas desde el aire era un problema porque el producto quedaba en las hojas superiores. Con el uso de drones y un buen manejo del downwash, los productores lograron que las gotas se metan hasta las ramas internas. Esto mejora el control de plagas como el minador de hojas, que suele refugiarse en las partes menos expuestas.

Como dicen muchos de los productores que ya se animaron a usar drones y bioinsumos: una vez que lo probás, no hay vuelta atrás. El campo cambia, el manejo se vuelve más simple y la tranquilidad de saber que se están haciendo las cosas bien no tiene precio.