Especialistas del INTA proponen la implementación de nuevos modelos productivos para frutales. Estas posibilidades otorgan mayor competitividad, rentabilidad y una producción de calidad.
En relación a la frutihortícola de Argentina, las economías regionales del norte patagónico se componen mayoritariamente de cultivos intensivos. En esa línea, la fruticultura y la horticultura contienen un elevado uso de mano de obra para diferentes tareas como la poda durante el invierno, el raleo de frutos en primavera y la cosecha en verano.
Expertos del INTA, aseguran que para lograr una mayor eficiencia en la mano de obra dedicada a la fruticultura, desde el organismo se proponen plantaciones más intensivas con sistemas de conducción que permitan lograr árboles frutales con una canopia más estrecha conformando un muro frutal.
Esto tiene como beneficio la simplificación de las tareas y los tiempos operativos. Al mismo tiempo, permite un ahorro de productos fitosanitarios y fertilizantes por necesitar menores volúmenes de aplicación.
A menudo, la escasez de disponibilidad de mano de obra junto a un tipo de cambio que en ocasiones es desfavorable determina una magra rentabilidad para los productores. Esta situación económica desfavorable lleva a los productores a un círculo vicioso negativo de baja inversión, bajos rendimientos, pobre calidad y nuevamente, bajos ingresos, lo que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema.
Ante este contexto, el desafío como investigadores está en generar condiciones que permitan tener un sector frutícola productivo, que incorpore modelos tecnológicos que brinden competitividad genuina, con alta rentabilidad y trabajos de calidad.
Desde el área de Cultivos Intensivos de la Estación Experimental Agropecuaria de Alto Valle del INTA desde 2016 trabajan en modelos productivos con los principales cultivares de manzanos y perales de la región. En ese sentido, se incorporaron tecnologías de riego mecanizado, defensa activa contra heladas, mallas antigranizo y poda mecanizada en verde.
El diseño e implementación de plantaciones de frutales con mayor densidad y con sistemas de conducción bidimensionales es posible por el aumento de empleo de mallas antigranizo, que reducen los riesgos climáticos frente a las altas temperaturas y granizadas. Son la única herramienta efectiva para resguardar los cultivos y disminuir el daño por rameado producido por los vientos.
Los especialistas destacan que a partir del uso de mallas antigranizo se redujo prácticamente un 100 % el daño severo por sol en manzanas, porcentaje que puede variar según el color de la malla, las condiciones de cultivo de cada chacra, y las condiciones meteorológicas de cada temporada. Mientras que los daños más leves muestran una reducción de más del 60 o 70 %, que varían según estos mismos factores.
El tipo de plantaciones que se propone permite tener hileras distanciadas pero más angostas con lo que se obtienen mayores rendimientos por hectárea. Por otro lado, al ser árboles más planos la fruta tiene una exposición más pareja a la radiación solar, por lo que la toma de color y los índices de madurez de la fruta son más homogéneos.
Esto permitiría un menor número de ingresos de los cosechadores en el cuadro lo que genera una ventaja económica. Asimismo, contar con fruta más homogénea para la cosecha permite que las estrategias de conservación sean más eficientes.
Mariela Curetti, investigadora del INTA Alto Valle, destacó que si bien el costo de implantación de estos sistemas es mayor, garantiza mejores rendimientos y mejor calidad a la cosecha. Esto se justifica cuando el productor gestiona su comercialización ya que puede recuperar la inversión con los beneficios de una mejor calidad.
El objetivo general de la propuesta es incrementar el porcentaje de fruta de calidad embalada por hectárea, cosechar en una pasada, minimizar o eliminar el raleo manual, incorporar la mecanización y/o ayudas mecánicas para tareas de manejo.
Asimismo, se plantea sumar la mecanización de diferentes tareas que favorece la calidad del trabajo, ampliando el perfil de quienes pueden realizar las tareas, para generar nuevas oportunidades laborales a mujeres y a otros perfiles de trabajadores expulsados de los modelos tradicionales.
El INTA se encuentra en evaluación de estos nuevos modelos productivos en las principales variedades de manzanas y peras. Para esto se miden parámetros como el rendimiento, la calidad de fruta y se calculan el requerimiento de mano de obra de las diferentes tareas de manejo –poda, ortopedia, raleo, cosecha–, luego se realiza un análisis económico de cada sistema productivo a fin de brindar al productor la información necesaria para la toma de decisiones.
Según los referentes, tales sistemas productivos y el uso de tecnologías que mejoren la eficiencia de la mano de obra resultan convenientes, ya que permiten achicar costos operativos, mejorar las condiciones de trabajo de los operarios y mejorar la calidad de la producción.










