Bioinsumos y tecnología: los pilares de Agro Sustentable para cambiar los mecanismos productivos
Salir del terreno conocido o el más confortable puede resultar difícil y el campo no es ajeno a la situación. Para que se animen al cambio, Agro Sustentable asesora y capacita a los agricultores.
Dar el salto a otros mecanismos productivos, más modernos y con la integración tecnológica, puede causar algunas incertidumbres, dudas o miedos. Conocer es la mejor herramienta para avanzar y Agro Sustentable es una compañía que hace 10 años trabaja junto a productores rurales que quieren aplicar formas más saludables de producir.
Los expertos de la firma aseguran que el futuro de la agricultura está enfocado en la tecnología y en la aplicación de productos naturales, tales como bioinsumos. Estos pilares resultan claves al momento de pensar en producciones que no afecten o contaminen el medio ambiente.
La conversión de los sistemas agrícolas de Arrecifes
Arrecifes es una localidad que se encuentra al norte de la provincia de Buenos Aires. Sus establecimientos rurales han tenido modificaciones a partir de graves consecuencias que venían dejando los mecanismos tradicionales en la salud de las personas y el ambiente.
El uso de agroquímicos, el trabajo excesivo sobre los suelos, entre otras acciones, estaban provocando mucho malestar en las personas y en los elementos que forman parte de la industria agrícola.
Muchos agricultores tuvieron que adaptar sus establecimientos y elegir otros caminos para encarar las producciones en los campos, ya que en el año 2016 se aprobó una Ordenanza que prohibió el uso de insumos tóxicos en las zonas periurbanas del lugar.
Los productores requirieron de la colaboración de entidades locales y otros programas de asesoramiento como Cambio Rural y ProHuerta.
Estas vinculaciones dieron lugar a una transición agroecológica dirigida por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Escuela Agraria.
En este espacio, se dio la oportunidad de realizar pruebas y debates entre las experiencias de diferentes agricultores de la zona. Fue así que en 2018 se armó el grupo denominado “Campo Sustentable I”, que contó con actividades agrícolas y el diálogo de productores preocupados por la salud y las condiciones del suelo, los espacios naturales y la población del lugar.
De esta forma, el trabajo en conjunto permitió observar los problemas que tenían algunos terrenos para conseguir los nutrientes necesarios y ser fértiles y había zonas con acumulación de agua y la presencia de plagas y enfermedades variadas.
Este escenario llevó a que los agricultores tengan que tomar cartas en el asunto y hacer algo para que la situación cambie. Es por eso que se empezaron a elegir estrategias nuevas o no tan conocidas e insumos naturales.
Después de más de 3 años de trabajo y con la pandemia del COVID por medio, se pudieron conseguir importantes resultados. Muchos establecimientos empezaron a sumar nuevas alternativas y herramientas más sustentables. Esto se vio reflejado en el aumento de los rendimientos y la calidad productiva.
Más allá de que se empezaron a notar las mejoras, los intercambios entre productores continuaron y se abordaron otros temas como reinserción de los jóvenes al campo, el rol de la agricultura familiar en la zona y diferentes perspectivas sobre la agricultura ya no solo como un negocio, sino también como un estilo de vida.
Generando un lugar de pertenencia, el grupo construyó un espacio de intercambio donde se empezaron a debatir nuevos temas y compartir experiencias.
Estos encuentros sirvieron para conocer cómo estaban los campos de la zona y qué había que mejorar. También se pudo avanzar en la producción y la aplicación de bioinsumos en muchos de los establecimientos, teniendo en cuenta su impacto en la salud del suelo y en los cultivos.
Con el foco puesto en conseguir producciones y cultivos de mejor calidad, se mejoró la disponibilidad de semillas y se analizó la reacción de los cultivos ante prácticas no tradicionales.
Muchos productores pudieron acomodar y adaptar sus maquinarias y servicios para disminuir el uso de productos químicos y automatizar algunas de las tareas que venían realizando ellos mismos.
Se consolidó un grupo de agricultores que se sienten acompañados y apoyados mutuamente, atravesados por miedos y desafíos similares. Al mismo tiempo, se sumaron a trabajar con ellos, asociaciones y áreas gubernamentales que pudieron diseñar una estrategia más amplia y abarcativa.
La necesidad de reforzar el vínculo con los consumidores del lugar, llevó a que muchas de estas acciones se vean reflejadas en los productos ofrecidos en el mercado. El cliente espera alimentos seguros, sanos y que contengan todos los nutrientes. Gran parte, sino todas estas cualidades se logra mejorando los mecanismos de producción, desde que se planta la semilla hasta que se cosecha la producción y se distribuyen los frutos.
Lo que ocurrió en Arrecifes demuestra una vez más que trabajando en equipo, se consiguen mejores resultados. En este caso, una producción agrícola de calidad y armoniosa con las buenas condiciones ambientales.










