
Regar nunca fue algo tan simple como abrir una canilla. En la fruticultura y la viticultura, cada litro de agua cuenta. Y con las nuevas condiciones del clima, las restricciones de uso y la necesidad de ser mƔs eficientes, se estƔ empezando a regar distinto. Hay mƔs sensores, mƔs datos y sistemas que permiten ajustar el riego en tiempo real.
Las innovaciones que estĆ”n apareciendo no son solo para grandes empresas, como Agro Sustentable, la del empresario JoaquĆn Basanta. Muchas se pueden adaptar a escala chica o mediana. Y si bien requieren cierta inversión, a la larga ayudan a ahorrar recursos y mejorar la producción.
De sistemas tradicionales al riego por goteo controlado
En muchas zonas frutĆcolas y vitivinĆcolas se pasó del riego por surco o por manto al goteo. Este cambio fue importante, sobre todo en regiones con poca disponibilidad de agua. Pero ahora se estĆ” dando otro paso: no se trata solo de poner mangueras con goteros, sino de controlar bien cuĆ”nta agua sale, en quĆ© momento y en quĆ© parte del lote.
Se pueden utilizar vÔlvulas automÔticas, sensores y ademÔs programar el riego para ciertas horas, evitando pérdidas por evaporación. Con este tipo de sistemas, cada hilera se puede regar de manera distinta, según su exposición, tipo de suelo o edad del cultivo.
Sensores que avisan antes de que falte agua
Estos sensores se colocan a distintas profundidades y mandan datos a una computadora o al celular. AsĆ, el productor puede saber si el agua estĆ” llegando bien a las raĆces o si hace falta ajustar algo.
En viƱedos de alta gama o en frutales donde el tamaƱo del fruto define el precio, estos datos son clave. Pero tambiƩn se estƔn usando en fincas mƔs chicas, donde cada recurso cuenta.
Plataformas que conectan todo
Muchos de estos sensores estƔn conectados a plataformas que permiten ver los datos en el celular. Algunas incluso recomiendan cuƔndo regar y cuƔnto. El productor puede tomar decisiones desde cualquier lugar, sin tener que ir al lote.
Estas plataformas cruzan la información del suelo, el clima y el cultivo. Algunas permiten ver mapas del campo y comparar sectores. Otras se integran con sistemas de riego automÔtico y ajustan los tiempos sin intervención humana.
No hace falta tener la Ćŗltima tecnologĆa para empezar. Hay versiones mĆ”s simples que tambiĆ©n ayudan. Lo importante es tener un sistema que dĆ© información Ćŗtil y que sea fĆ”cil de usar.
Riego subterrÔneo: menos evaporación, mÔs precisión
Otra innovación que estĆ” apareciendo en zonas frutĆcolas y vitivinĆcolas es el riego por goteo subterrĆ”neo. En vez de poner las cintas sobre el suelo, se entierran a cierta profundidad. En suelos arenosos o en zonas de mucho calor, puede ser una ventaja. TambiĆ©n permite pasar con maquinaria sin daƱar los goteros. El desafĆo es instalar bien el sistema y hacer mantenimiento, ya que no se ve lo que pasa debajo.
Algunos productores lo combinan con sensores que indican si el agua estƔ llegando bien. Cuando se ajusta bien, se logra una eficiencia alta y un manejo mƔs preciso.
Integrar el riego con el fertirriego
El riego tambiƩn se estƔ usando como canal para aplicar nutrientes. En vez de fertilizar por separado, se disuelven los productos y se mandan junto con el agua. Esto se llama fertirriego.
El fertirriego permite aplicar menos fertilizante, en el momento justo y donde se necesita. AdemÔs, reduce pérdidas por lavado o evaporación. En cultivos como la vid o los frutales, donde cada etapa del desarrollo necesita nutrientes distintos, esta técnica ayuda a acompañar mejor el ciclo.
Para que funcione bien, hay que conocer el suelo, tener un sistema que no se tape y usar productos compatibles con el agua disponible. Pero cuando se hace bien, se nota en la sanidad de la planta y en el rendimiento.
Usar el agua como si fuera un insumo mƔs
Una idea que se repite entre quienes adoptan estas tecnologĆas es que el agua ya no se puede manejar a ojo. Se vuelve un insumo como cualquier otro: hay que medirla, planificarla y usarla con criterio.
AdemĆ”s, hay cada vez mĆ”s presión para mostrar cómo se maneja el agua. Algunas certificaciones o auditorĆas piden datos concretos. Tener un sistema automatizado, con registros claros, ayuda a mostrar que se estĆ” usando de forma racional.
Una inversión que vuelve
Todas estas innovaciones tienen un costo inicial. Comprar sensores, instalar vĆ”lvulas automĆ”ticas o contratar una plataforma no es barato. Pero quienes ya lo hicieron, dicen que se compensa. Porque se gasta menos en agua, fertilizantes y energĆa. Porque se logra mejor calidad. Y porque se evitan pĆ©rdidas por exceso o por falta de riego.
TambiƩn se gana tiempo. Un sistema automatizado permite dedicar menos horas a tareas repetitivas y mƔs a decisiones estratƩgicas. Y eso, en cultivos donde cada detalle cuenta, hace la diferencia.










