Hace 10 años, la idea de producir con insumos naturales y ocupar la tecnología en los campos quizás resultaba un tanto más rara. Agro Sustentable, se animó a indagar por terrenos poco comunes y empezar a probar una nueva forma de producción agrícola.
El uso de drones y la elaboración de insumos naturales, son parte de los ejes de trabajo de la compañía, la cual acompaña a productores de diversos establecimientos argentinos y está llegando al mercado de otros países europeos.
Tras este objetivo de asesorar a los agricultores, hay muchas familias que se dedican a esta actividad y es parte de su sostén de vida. Ante esta situación, el acompañamiento de profesionales resulta esencial para conseguir producciones más rentables y cultivos de calidad.
La agricultura familiar puede llegar al mercado y luego a los consumidores a través del concepto de economía social. Ferias y diferentes espacios de comercialización, son una vidriera para que los productores pequeños y medianos puedan dar a conocer lo que producen.
En estos lugares, personas con diferentes intereses confluyen y activan el emprendedurismo y la elaboración de alimentos frescos de calidad.
Un ejemplo es lo sucedido en la localidad de San Carlos de Bolívar donde diferentes emprendedores se juntan en el Centro Cívico para vender sus productos desde el 2014, ofreciendo variedad de artículos según cada uno de los proyectos que se esconden detrás.
Esta iniciativa comenzó en la Agencia de Extensión del INTA de Bolívar, en el marco de la organización de ferias populares del Programa ProHuerta1 . Según especialistas, los productores locales tienen ventajas en comparación con otros mecanismos de venta.
En los últimos años estos espacios han crecido a partir de otros factores como cambios en los hábitos de consumo, avances en los medios de transporte y las tecnologías disponibles.
Para el funcionamiento de la feria de Bolívar, la estrategia empleada es la de convocar a posibles productores y emprendedores que quieran ofrecer sus productos al público. La primera experiencia que se realizó en la ciudad contó con la participación de seis feriantes mujeres que vendían hortalizas, plantines, plantas de cactus y suculentas, y tuvieron muy buena aceptación de los clientes. Muchas de estas mujeres antes de participar en la feria se dedicaban a las tareas del hogar, eran docentes, estudiantes o personas desocupadas.
Las ferias significaron una oportunidad para que estas emprendedoras vayan teniendo sus propios ingresos y logren una independencia económica. Asimismo, este lugar de encuentro les permitió conocer la historia de otras personas que se encontraban en las mismas condiciones y poder así compartir sus experiencias.
La feria fue creciendo y hoy el espacio está asociado a la Federación de Organizaciones Nucleadas en la Agricultura Familiar (FONAF). Además, las y los participantes cuentan con Monotributo Social y Registro Nacional de la Agricultura Familiar (RENAF).
En ese momento, se tomó como base de información y de contacto aquellos emprendedores que estaban registrados en el Programa ProHuerta, ya para el segundo mes había más de 25 feriantes interesados, un número que se viene sosteniendo.
Estas ferias brindan un lugar de pertenencia y donde los emprendedores de la zona se pueden ver identificados y contenidos. Además es un lugar de intercambio comercial y de interacción social con otras personas.
Luego, se avanzó para tener una feria permanente. Los organizadores de este modo, pudieron poner en marcha campañas de difusión y promoción del evento a través de varios medios de comunicación.
La actividad fue creciendo y los emprendedores empezaron a tomar decisiones vinculadas con gestiones, nuevas inversiones. Con el tiempo se conformó una comisión para armar un reglamento, dando la posibilidad de regular los requisitos para el ingreso de nuevos feriantes.
El espacio de la feria dio lugar a la comercialización de aquellos productos que surgían de las huertas familiares agroecológicas y les dio un espacio a aquellos emprendedores vinculados a la producción de otros elementos como artesanías y reciclados relacionados a la economía social y popular de Bolívar.
Contar con un marco regulatorio también dio la chance de que los emprendedores se posicionen de otra forma dentro del mercado, promoviendo un trabajo asociativo y colectivo.
Los emprendedores en equipo también pudieron enfrentar nuevos desafíos e inconvenientes que fueron surgiendo, encontrando opciones que favorecieron la venta y la visibilidad de cada uno de los proyectos.
Detrás de cada stand hay una historia, un sacrificio personal o familiar que se traduce en la elaboración de diferentes productos. Que otras personas conozcan ese costado humano del agricultor o productor también es importante para acercarse al consumidor. La empatía generada consigue que el cliente tenga información real y concreta de los procesos y el esfuerzo que requiere la elaboración de los productos ofrecidos.










