
JoaquĆn Basanta, joven empresario fundador de Agro Sustentable, conoce la plantación de nogales y de almendros a la perfección. Como un impulsor de la agricultura orgĆ”nica y sostenible, sabe que las buenas prĆ”cticas agrĆcolas tienen un rol importantĆsimo a la hora de la producción y venta de los frutos que dan estos Ć”rboles.
Estas plantas no ocupan grandes superficies, no salen tanto en los medios, pero cada vez tienen mƔs peso en lo productivo y tambiƩn en lo ambiental.
Tanto el nogal como el almendro son Ć”rboles que, bien manejados, pueden durar dĆ©cadas. Y como su producción va en aumento, tambiĆ©n empiezan a formar parte de una forma distinta de pensar el campo: mĆ”s vinculada con el cuidado del suelo, la eficiencia en el uso del agua y la posibilidad de hacer agro sin arrasar con todo, todos pilares de la compaƱĆa Agro Sustentable, de JoaquĆn Basanta.
Dónde estÔn creciendo y por qué
En provincias como San Juan, Mendoza y La Rioja se viene notando un crecimiento fuerte de estas plantaciones. Son zonas donde el clima seco y el manejo del riego por goteo ayuda mucho. En Córdoba también aparecen algunos emprendimientos nuevos. No son campos gigantes, pero sà bien organizados, muchos de ellos familiares.
El interés no viene solo por el precio de la nuez o la almendra. También hay una mirada a largo plazo. Son Ôrboles que se adaptan bien, que requieren mÔs trabajo al inicio pero después pueden mantenerse sin un gasto tan alto. Y si se los cuida bien, ofrecen un ingreso mÔs estable que otros cultivos que dependen tanto del clima o del dólar.
Una forma distinta de producir
Lo interesante es que estos cultivos permiten repensar cómo se trabaja la tierra. En lugar de arar todo, sembrar, cosechar y empezar de nuevo, se arma una estructura mÔs fija. Hay hileras de Ôrboles, cobertura del suelo, sistemas de riego mÔs controlados. Y eso cambia bastante el impacto que tiene la producción sobre el ambiente.
Con estos sistemas, se reduce la erosión, se aprovecha mejor el agua y se pueden usar menos productos quĆmicos si se trabaja bien. Muchos productores empiezan a combinar este tipo de cultivo con prĆ”cticas mĆ”s amigables, como el uso de bioinsumos o el manejo agroecológico. No es magia, pero suma.
AdemÔs, al no necesitar tanta maquinaria pesada, se cuida mÔs el suelo. Y como son Ôrboles de ciclo largo, se piensa mÔs en el futuro. Eso, aunque no parezca, también es una forma de sostenibilidad: salir de la lógica de quemar todo para ganar rÔpido.
Lo que se produce no queda todo acĆ”
Una ventaja grande es que lo que se cosecha tiene salida mƔs allƔ del mercado interno. La nuez argentina ya se exporta a Europa, a Brasil, a Medio Oriente. Lo mismo ocurre con la almendra, que incluso tiene buena demanda en lugares donde la usan para hacer leche vegetal o productos saludables.
Eso hace que muchos se animen a plantar mƔs. Porque saben que si logran un producto de buena calidad, hay compradores. A veces no es tan fƔcil cumplir con todos los requisitos que se piden desde afuera, pero cuando se logra, la diferencia en el precio se nota.
TambiƩn hay industrias locales que procesan lo que se cosecha. Pelan la nuez, envasan la almendra, hacen pasta o harina. Eso le suma valor al producto y genera trabajo fuera del campo.
Algunos desafĆos que todavĆa estĆ”n
Igual, no es todo tan simple. Estos cultivos requieren paciencia. Desde que se planta un nogal o un almendro hasta que empieza a producir bien pueden pasar entre tres y cinco años. Y durante ese tiempo hay que mantenerlo, regarlo, cuidarlo. Por eso muchas veces los que se largan ya tienen experiencia o respaldo económico.
TambiĆ©n estĆ” el tema del clima. Una helada fuerte en el momento equivocado puede arruinar toda una cosecha. Y si hay sequĆa, el riego se vuelve indispensable. En zonas como Cuyo o La Rioja, eso se maneja bastante bien, pero igual hay que tener sistemas armados con tiempo.
Por Ćŗltimo, estĆ” la cuestión del acceso a tecnologĆas. Para hacer un manejo mĆ”s eficiente, conviene tener sensores, planificación, registros. Todo eso cuesta. Pero en algunos casos se forman grupos o cooperativas que ayudan a compartir herramientas o capacitarse juntos.
El aporte a lo local
En varias regiones donde estos cultivos se afianzan, tambiĆ©n se nota un cambio en la dinĆ”mica local. Se crean puestos de trabajo que no son estacionales, se arma movimiento en los empaques, se generan vĆnculos con escuelas tĆ©cnicas o universidades. Y en algunos casos, se empieza a pensar mĆ”s en cómo conservar el entorno.
Hay productores que, por ejemplo, dejan franjas con vegetación nativa entre las hileras de Ôrboles, para no perder la biodiversidad. Otros usan abonos naturales o hacen rotaciones con coberturas verdes. No es obligatorio, pero cuando se ve que da resultado, se contagia.
TambiĆ©n se fomenta una economĆa mĆ”s diversa. En vez de depender de un solo cultivo, hay mĆ”s mezcla. Y eso ayuda a que los pueblos tengan otras salidas económicas cuando los precios bajan o el clima no acompaƱa.
Una puerta hacia el futuro
Aunque todavĆa no se ve como un āboomā, el crecimiento de los nogales y almendros parece tener un buen futuro. No solo porque se venden bien, sino porque encajan en una idea de producción mĆ”s equilibrada. Con menos impacto ambiental, mĆ”s cuidado del agua y un modelo que puede sostenerse en el tiempo.
Si a eso se le suma acompaƱamiento tĆ©cnico, polĆticas que apoyen y canales de venta que funcionen, se puede transformar en una opción real para mĆ”s productores. Especialmente en zonas donde no se puede competir en cantidad, pero sĆ en calidad y manejo.
En definitiva, estos cultivos muestran que no hace falta hacer todo a lo grande para generar valor. A veces, con pocos Ɣrboles bien manejados, se puede armar un sistema que respete el entorno y genere ingresos reales para muchas familias.










