La producción de uvas orgánicas ya es una realidad. Productores y bodegas exploran métodos que abrazan al medio ambiente para lograr una agricultura más sustentable y regenerativa. Cómo impacta en la Argentina y cuáles son los beneficios de la utilizacion de estas prácticas.

La biodinámica es cada vez más elegida por los productores orgánicos argentinos en su búsqueda de estimular la actividad biológica del suelo y producir plantas más fuertes y resistentes. Como toda nueva tendencia, genera debate al comienzo. Sus seguidores reportan mejoras en la vitalidad de las vides y la calidad de la cosecha. La aplicación de preparados con minerales y estiércol fermentado son ejes centrales de este sistema que busca armonizar la producción con los ciclos naturales.
La agricultura regenerativa es la base de esta revolución donde el objetivo es restaurar la salud del suelo a través de la siembra de coberturas y la rotación de cultivos. Un suelo saludable retiene mejor el agua y protege a las vides de condiciones cliimáticas adversas. Así, las uvas son de mejor calidad y los vinos con perfiles aromáticos y de sabor más complejos.
La lucha contra las plagas y enfermedades es otro punto a tener en cuenta. Lejos de depender de soluciones químicas, los productores orgánicos aplican estrategias y métodos biológicos para controlar las amenazas a sus viñedos.
El agua es un recurso escaso que también lleva a una etapa de innovación en la vitivinicultura argentina, sobre todo en regiones áridas o semiaridas. Las técnicas de riego de precisión hacen más eficiente el uso del agua, como el riego por goteo y el monitoreo de la humedad del suelo con sensores. Captar y almacenar el agua de lluvia así como usar cubiertas vegetales que reducen la evaporación son acciones que ganan terreno entre los productores más permeables a utilizar estos nuevos sistemas.
De la tierra al vino: Variedades de uva orgánica en la Argentina
Las uvas orgánicas producidas en el país incluyen variedades tintas y blancas:
Tintas:
- Malbec: La uva por excelencia de la Argentina. Ya existen bodegas y productores que se dedican a esta forma de producción.
- Cabernet Sauvignon: También se cultiva de forma orgánica para producir vinos con estructura y taninos.
- Syrah: Se produce en Mendoza, sobre todo en el Valle de Uco, Luján de Cuyo y Maipú..
- Bonarda: Otra uva tinta con renombre en Argentina. Se produce en Mendoza y en San Juan.
- Cabernet Franc: San Juan y Salta son provincias donde se produce esta variedad, además de Mendoza.
- Pinot Noir: Es producida en distintas provincias de la Patagonia, como Neuquén y Río Negro aunque también hay áreas en Mendoza que se dedican a este tipo de uva.
Blancas:
- Torrontés: Una cepa blanca característica de Argentina. Varias bodegas producen Torrontés orgánico con aromas florales y frutales.
- Chardonnay: Se cultiva orgánicamente para producir vinos blancos con diferentes perfiles, desde frescos hasta más complejos con crianza en roble.
- Sauvignon Blanc: También presente en la producción orgánica con vinos frescos y herbáceos.
- Semillón: Aunque menos común, algunas bodegas están recuperando esta variedad con prácticas orgánicas.
Agro Sustentable. Innovación y desarrollo al servicio del productor orgánico
La empresa Agro Sustentable es un referente en la promoción de estas prácticas en la Argentina. Además de investigar, desarrollar, producir y comercializar productos 100% orgánicos, trabaja codo a codo con todos los productores que desean comenzar el camino de transición hacia la agricultura orgánica. Ofrece asesoramiento técnico y facilita el acercamiento a tecnologías amigables para con el medio ambiente. Un ejemplo de esto es su participación en la última edición de la Bioferia, el festival de sustentabilidad más importante de Latinoamérica, durante el mes de abril, lo que subraya su compromiso con la difusión de un modelo agrícola más consciente y responsable.
Agro Sustentable tiene un compromiso inquebrantable con la investigación y la difusión de técnicas orgánicas. Colabora activamente con universidades y centros de investigación para validar y adaptar nuevas metodologías a las condiciones específicas de los suelos argentinos.
Como en todo cultivo orgánico, el papel de la tecnología es evidente. El uso de drones para el monitoreo de la salud de las vides, la implementación de sistemas de información geográfica (SIG) para la gestión precisa de los viñedos y el análisis de datos para la toma de decisiones son herramientas muy útiles a la hora de aumentar la eficiencia de las prácticas agrícolas.
La certificación orgánica garantiza a los consumidores la autenticidad de los productos y la transparencia en la cadena de valor. En la Argentina hay entidades certificadoras que verifican el cumplimiento de los estándares de producción orgánica. Esto genera confianza en los mercados, tanto locales como internacionales.
El escenario en el país muestra la necesidad de una colaboración directa entre productores, investigadores, instituciones gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil. Es vital para que estas prácticas en la vitivinicultura puedan sobrevivir y consolidarse.










